Archivo | octubre 2019

EL GENIO

INTRODUCCIÓN

JUDENBURG

SURESTE DE AUSTRIA, AÑO 1360

 Judenburg es una pequeña población al sureste de Austria rodeada por altas montañas. Por el desgaste sus rocas muestran un color blancuzco;  prácticamente sus picos permanecen nevados casi todo el año. Sus hermosos paisajes de amplios valles verdosos y abundante masa forestal hacen de este pueblo un lugar hermoso y tranquilo para vivir.

    Su población vive principalmente de la agricultura y ganadería. En este tranquilo pueblo nace nuestro protagonista, un niño con un don muy especial y unos dotes demasiado elevados para su edad. Su mente viaja más allá del siglo XIV. Ningún genio de su época pudo igualar en imaginación e inventiva a este niño sabio llamado Eusebio.

Leopoldo, su padre, se dedica a su propia ganadería, unas de las más importantes de Judenburg. Él es una persona tenaz, amante de su familia y de la vida.  Carinthia, su adorable madre, es una mujer luchadora, trabajadora y dedicada desde que era niña a la agricultura. Ayuda a su marido en la ganadería día tras día.  De su feliz matrimonio tan unido y enamorado Carinthia queda embarazada y a finales de mayo de 1360 nace Eusebio.

En 1365, Leopoldo es llamado y obligado a luchar en el ejército del duque Alberto III de Austria contra Eduardo III de Inglaterra. En una emboscada cuando viajaban a Viena, fueron sorprendidos por el ejército enemigo y murieron todos los soldados, entre ellos Leopoldo.

Carinthia fue informada del fatal desenlace por un emisario del duque. La muerte de su marido marcó mucho a Carinthia. Su esposa no podía creer la triste noticia; no era posible asimilarla.

–Su marido ha muerto en combate. Lo siento mucho, señora. Fuimos sorprendidos y han muerto prácticamente todos. Él era una gran persona –comentó el soldado.

Ella cayó en una fuerte depresión. Sin embargo,  ella y su hijo de cinco años le hacen frente a la ganadería de su marido. Eusebio, a pesar su temprana edad, tiene una memoria increíble y ayuda mucho a su madre; incluso comienza a demostrar un grado mayor de inteligencia que el de los otros niños de su edad. Se siente atraído por las matemáticas, la astronomía, la zoología y la medicina. A todas horas permanece leyendo libros de ciencia. Él prefiere no tener amigos; incluso muchos se ríen de su extraño comportamiento. No hablaba con nadie y ni siquiera hacía el menor intento de comunicarse con otras personas.

Cuando Eusebio cumplió los seis años, descubrió algo increíble y demostró su gran inteligencia. Dejó a todos sus habitantes atónitos y boquiabiertos. Inventó una especie de hélice. Alrededor de un eje, unas placas de madera giraban velozmente con el impulso y la fuerza del viento parecidas a las aspas de los molinos. Fabricó un extraño objeto de forma ovoide. La hélice la puso a un extremo del artefacto. El extraño objeto estuvo unos veinte segundos en el aire y, gracias al fuerte viento, el aparato cogió una altura de unos diez metros. Entendió que un objeto por muy pesado que fuera, acompañado por una hélice que lo propulsara, este tendría la capacidad de volar. Esa teoría apareció en su mente y la desarrolló. Las personas allí congregadas no podían creer que aquel extraño objeto de pequeño tamaño desafiara al aire y se mantuviera suspendido unos segundos.

Carinthia,  madre muy orgullosa de su hijo, lo inscribió en la escuela. En un año completó todos los cursos. Incluso le propusieron asistir a la universidad pero, por su temprana edad, no podía acceder a cursos superiores.

Todo cambia cuando un señor de mediana edad se instala en el pueblo. Es alto y algo encorvado y posee una larga barba blanca muy poblada. Se presenta en la casa de Eusebio y habla con su madre. Este señor, quien asegura ser un inventor, le dice a Carithia que su hijo tiene gran capacidad de imaginación e inteligencia. Él se compromete a darle clases porque se ha percatado de que el niño posee la inteligencia de un gran inventor. El extraño inventor le asegura  haber visto a su hijo demostrándoles a todos el nuevo invento que le pareció muy interesante.

Carinthia aceptó el ofrecimiento del señor inventor ya que su hijo había aprobado todos los cursos en la escuela y los había encontrado  demasiado fáciles. Necesitaba cursos de mayor nivel. Por su temprana edad no podía ir a cursos  superiores, entonces le pareció una idea excelente irse con el extraño inventor.

Eusebio descubre que ese señor es un famoso inventor de muchas materias de la ciencia y que  es conocido por toda Europa. Se llama Disk de Muschemberg y es de origen germano. Disk posee cuatro carreras universitarias e incluso es un gran enamorado de la astronomía. El destacado inventor le revela a Eusebio muchos secretos de astronomía, matemáticas, medicina y zoología. Una década después, hacia el 1375 cuando Eusebio cumplió los dieciséis años él había aprendido mucho con el maestro Disk.

Una mañana cuando Disk se disponía a impartir sus clases al joven Eusebio fue detenido por unos guardias del obispo. El maestro fue acusado, condenado por herejía por la Santa  Inquisición y quemado en la hoguera. No obstante, antes de ser abrasado por las llamas, Disk dijo en voz alta lo siguiente:

–No permitas que estos demonios te quiten tus dotes. Aprende, la mente es infinita y muy pocos poseen ese don. Tras estas palabras Disk fue cubierto  por las  llamas.

Eusebio logró recuperar los libros del profesor. Eran de ciencia y en ellos aparecían los experimentos realizados por el inventor Disk y Eusebio se puso a estudiarlos.

Su madre le dijo con gran tristeza:

–Hijo mío, deja esos libros; disfruta como los adolescentes. Ya eres casi un adulto y no quisiera que acabaras  como el profesor.

–Mamá, voy a aprovechar este don que Dios me ha dado para hacer todo el bien que pueda. Si muero en la hoguera, moriré tranquilo, porque habré hecho lo que amo y eso es lo importante. No entiendo por qué el ser humano es tan cruel… Si el maestro se pasó toda su vida investigando fue condenado injustamente –expresó Eusebio.

–Hijo mío, no lo sé y por mucho que te lo explique, no lo vas a entender. Por naturaleza el ser humano es destructivo y malo. Si no eres capaz de actuar de acuerdo a determinadas  creencias serás condenado. Ten mucho cuidado con esas teorías. No es bueno descubrir todos los secretos del maestro –dijo su madre dulcemente.

–Sigo sin entender la maldad del ser humano. No existe el amor entre nosotros, sino solo la falsedad. Todos tenemos el derecho de vivir en este mundo tan hermoso sin hacernos daño. No me gustó lo que le hicieron al maestro Disk. Todo lo que decía era verdad, inclusive lo que  experimentó –añadió Eusebio.

–Hijo, me parece bien que pienses así. Todas las personas no son iguales. Hoy predomina la gente mala. La bondad existe en nuestro corazón pero hay personas que no sienten amor. Lo que le pasó al maestro Disk era lógico. La Santa Iglesia no tolera tales inventos, creen que sois demonios. No obstante,  sigue lo que dicte tu corazón.

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