Archivo | agosto 2019

EL NUEVO LIBRO DE EDUARDO AGÜERA TRIUNFANDO POR TODO EL MUNDO

 

LA BRUJA Y EL TEMPLARIO

BÉZIERS, (FRANCIA). AÑO 1199

NUGA

Béziers es una de las ciudades más antigua de Francia. Fue fundada en el año 700 a.C por una tribu asentada sobre la ribera del río Orb. Numerosos pueblos colonizaron Béziers. Griegos, romanos y galos entre otros. Nuestra principal protagonista se llama Nuga, una niña hermosa de cabellos largos y castaños. Posee unos profundos y brillantes ojos verdes, que encandila sólo con su mirada. Lo más importante que posee esta niña, descubre un don que posee su familia desde hace trescientos años. El poder de la adivinación, sentir a personas fallecidas y comunicarse con ellas, el poder en contactar con seres de la naturaleza, además de curar con ciertos conocimientos en medicina natural y muchos poderes más que va desarrollando a medida que va creciendo. Su magia puramente blanca, la utiliza para ayudar a las personas más necesitadas y humildes. Su padre pertenece a una comunidad de cátaros y su madre también dispone de ciertos poderes mágicos con pura luz blanca heredada por parte de su madre y abuela materna.

Nuga nació en marzo de 1199, en un pequeño pueblo al sur de Béziers llamado, Montady. Su padre fue detenido y sentenciado a muerte por el Tribunal de la Santa Inquisición, debido a prácticas demoníacas y por adorar al Maligno. Unos años después de su muerte, la joven descubre que su padre simplemente era cátaro y jamás había adorado al Diablo, simplemente era un movimiento religioso de carácter gnóstico, que se propagó por Europa. Con tan solo seis años la valiente joven queda huérfana de padre y ayuda a su madre a la elaboración de plantas medicinales y a conseguir medicamentos para personas enfermas de tifus y malaria. Por aquel entonces hubo una mortífera epidemia en el pueblo donde vivía nuestra protagonista. Más de dos mil personas fueron contagiadas por malaria y se había extendido con rapidez por toda Béziers.

Rida, nombre de su madre, estaba sumamente preocupada, muchos niños habían sido contagiados y nadie daba una solución a las terroríficas y numerosas muertes. Nuga descubrió un antídoto compuesto por diferentes plantas aromáticas y zumo de limón. En unos meses la población fue mejorando y los niños se fueron recuperando con total normalidad.

Su madre y Nuga abrieron un pequeño negocio en el pueblo. Era un puesto montado en el mercado de antídotos naturales, especias y miel, para enfermedades, físico y mental. Gran cantidad de personas se congregaban en busca de una solución natural para sus drásticas enfermedades. Tanta congregación de personas se convirtió en un lugar de peregrinaje. La fama se extendió por toda Francia, e incluso muchas personas venían de lugares tan dispares como Bélgica, Alemania y Polonia.

La niña fue elaborando nuevos jarabes y antídotos para nuevas enfermedades. Unos días después, una familia de Alemania que se habían desplazado hacia Montady, había sido contagiada por cólera. Rida no dio crédito lo que estaba viendo. Tres niños estaban fuertemente enfermos y su madre no le quedaba fuerzas para seguir con vida. Nuga le suministró varios compuestos naturales y un jarabe elaborado con aceite de cedro y miel. Como si se tratara de un milagro, los niños abrieron los ojos, corrían y jugaban como si nada le hubiera pasado. Su madre y su padre estaban tan felices, la joven fue adorada como a una diosa.

–Lo único que quiero es a mis hijos. Has conseguido que venzan a esa enfermedad. No tenemos para pagarte, estoy seguro que Dios se encargará de darte una buena vida. Vimos a mis hijos muy malitos –dijo la madre sollozando.

–Vuestros hijos se pondrán bien. El antídoto hará efecto en poco tiempo. No tienes porqué pagarme, me gusta ayudar a las personas que lo necesitan –comentó Nuga.

Los tres niños seguían jugando y brincando. El más pequeño le dio un abrazo a Nuga y dijo:

–¡Gracias por curarnos! Mis hermanos están contentos y mis padres también, has conseguido la felicidad de mi familia.

Al día siguiente Nuga, tuvo viajar junto a su madre a una aldea próxima a París. Un niño había fallecido mientras jugaba con su caballo. El padre del joven cogió el cuerpo inmóvil y lo depositó en su lecho. Tenía un fuerte golpe en la cabeza y era muy probable que la causa de su muerte fuera por una fractura de cráneo.

Nada más llegó Nuga a la aldea, era de esas noches oscuras y sin luna. La familia del crío estaba celebrando el funeral, todos lloraban destrozados. Gran cantidad de velas rodeaban al cuerpo inerte. La joven se acercó e impuso sus manos sobre la frente del niño. Para la sorpresa de toda su familia, el niño se levantó y comentó:

–¿Por qué estáis tristes? Estoy bien, simplemente tuve una caída.

Sus padres no podían creer lo que estaban viendo. Su hijo se había despertado como si nada le hubiera ocurrido.

–Vi como mi hijo cayó del caballo y se golpeó contra una piedra, ¿cómo has hecho para devolverle a la vida? –comentó su madre.

Nuga con su brillante mirada añadió:

–Vuestro hijo había muerto. Vi su espíritu alrededor de su cuerpo y simplemente le convencí para que volviera.

–Jamás pensaría en volver a ver a mi hijo, gracias, Dios os de la máxima felicidad que mereces. Somos muy felices –comentó su padre.

Nuga y su madre regresaron a Montady. Fue la primera vez en resucitar a una persona.

–Hija, tienes el poder de tu abuela. No todas las personas tienen el don que tú posees. Eres capaz de contactar con personas fallecidas, incluso curar enfermedades graves. Ese niño presentaba el cuello roto y era imposible que volviera a la vida, ¿cómo lo has hecho?

–Madre, no hice nada, simplemente hablar con su espíritu y convencerlo para no irse a la luz. Tengo seis años y siento que cada vez tengo más poderes. Puedo ver lo que va a pasar, incluso lo que estás pensando en estos momentos –dijo Nuga.

Nuga llegó a su pueblo. Muchas personas esperaban en su casa. Todas estaban enfermas de peste. Estuvo toda la noche suministrando nuevos jarabes. Había tantas personas que estuvo hasta el amanecer.

El obispo de Béziers fue informado y se desplazó a casa de Nuga. Un batallón de soldados desalojó los alrededores. Muchas personas se fueron desanimadas a sus casas y las inmediaciones quedaron solitarias, solamente el viento que soplaba del norte y un gato negro brincaba por los tejados, dando fuertes maullidos.

–¡Abran la puerta! –exclamó un soldado.

Rida abrió lentamente y se asustó al ver al soldado fuertemente armado con una lanza.

–¿Qué desean a estas horas de la noche? Estaba durmiendo.

–Buscamos a una joven que está haciendo prácticas con el Diablo. Sabemos que vive en esta casa –replicó el soldado.

–Es mi hija, pero ella no hace prácticas satánicas, simplemente ayudamos a personas enfermas. En estos momentos está durmiendo –dijo su madre.

–Señora, por orden del señor obispo tenemos que llevarnos a su hija –añadió el soldado.

El soldado dio un fuerte empujón a Rida y entraron en la casa. Registraron todas las habitaciones, pero Nuga no estaba.

–Si ves a su hija, le dices que se entregue, de lo contrario será un honor buscarla y sentenciarla a muerte –comentó el soldado.

Los soldados se alejaron en sus caballos. Rida fue a buscar a su hija, no estaba en su alcoba. La buscó por toda la casa. Incluso fue a las cuadras donde tienen los caballos. Ni rastro de la joven. ¿Dónde está Nuga? Quizás adivinó que venían los soldados y le dio tiempo a escapar y a esconderse.

Tres días estuvo perdida la joven. Una tarde, cuando su madre preparaba un rico pastel, Nuga apareció en mitad de la sala.

–¿Dónde has estado? ¿Por qué esos soldados querían llevarte? –Preguntó su madre.

–Madre, he estado en el mundo de los elfos, nadie puede entrar, allí he estado a salvo. Sabía que esos soldados del obispo iban a por mí. Igual hicieron con papá y acabó en la hoguera. Simplemente puedo viajar a través de mis pensamientos. Raque es mi amigo el elfo, desde que eran muy pequeña me visita todas las noches y él fue quien me advirtió de la presencia de esos malhechores –comentó Nuga.

–Hija, sé que tienes el don de viajar a cualquier lugar. La abuela también me contaba que ella tenía a un amigo muy bajito y regordete que le visitaba mientras dormía. Sugiero que te entregues al obispo, seguro que no será nada. Si no lo haces, esos hombres vendrán a por ti. Creo que deberíamos de dejar de elaborar más jarabes. Tendremos graves problemas –expresó su madre con preocupación.

–No estamos haciendo nada malo, todo lo contrario ayudamos a otras personas. ¿Qué tiene de malo? No voy a entregarme, si muero lo hago con devoción y no me asusta las hogueras. Mañana iré al pueblo para seguir elaborando nuevos jarabes –comentó Nuga.

La joven fue creciendo y madurando. A sus dieciocho años tuvo nuevos poderes extrasensoriales, incluso podía salir de su cuerpo y visitar  a otras dimensiones.  Nuga era feliz por ayudar a otras personas. Los soldados no volvieron a molestarla nunca más. Aunque el obispo se desplazó a la tienda de jarabes y se hizo pasar por un enfermo de malaria.

–Buenos días, ¿podrías ayudarme a curar esta maldita enfermedad? Llevo quince días con fiebres muy altas y convulsiones –dijo el anciano.

–Buenos días, señor. A simple vista parece que tienes malaria, seguramente le ha picado algún mosquito y le ha transmitido la enfermedad. Aún no he elaborado nuevos jarabes, se me han agotado con las últimas visitas de estos días. Venga mañana y le tendré listo su jarabe –dijo Nuga.

El anciano tenía una mirada bastante maléfica, Nuga intuyó que el señor no decía la verdad. Una vocecilla en su interior dijo.

–Ten mucho cuidado, no es quien dice ser.

Nuga cerró el negocio y siguió al anciano. Éste miró hacia atrás y la mujer tuvo que esconderse entre un grupo de mujeres que estaban paradas sobre una calle cercana. El anciano continuó su marcha. Después de un buen rato caminando, se dio cuenta que se trataba del obispo. Nuga regresó a la tienda y elaboró un jarabe un tanto especial.

Cuando regresó a casa hizo un jarabe especial. Por la mañana regresó el anciano.

–Buenos días señorita. Tienes el jarabe que te pedí, no puedo más, hace unos días que no puedo comer. Tengo un fuerte dolor en el estómago –aseguró el anciano.

–Aquí tienes el jarabe, debes fraccionar las dosis. Tres veces al día y verás mejoría –aseguró Nuga.

El anciano cogió el jarabe y agradeció a la joven por ser tan bondadosa.

Una semana después, el anciano volvió al negocio muy enfadado.

–¿Sabes que he estado toda la semana vomitando? ¿Qué me has hecho?

Nuga sonrió y comentó:

–Este jarabe es para personas con malaria. Creo que el que miente es usted. Me di cuenta que no tienes fiebre y al tomar el jarabe le hizo efecto contrario.

–Eres una bruja y pagarás por ello, me has dado uno de tus brebajes hechizados. Cuando me recupere vendré a por ti y no habrá nadie que te salve de la hoguera –comentó el anciano.

–No me importa que me llames bruja. Tengo un don que Dios me dio y simplemente ayudo a personas enfermas. No hago daño a nadie y no estoy convenciendo a otras personas de mis creencias. No temo a la muerte y al menos amo a la vida –comentó Nuga.

El anciano se marchó velozmente por una calle ascendente. Una mujer se acercó a la joven y advirtió:

–Hola, sigue así, no temas a nadie, esa persona está disfrazada de demonio y no es un anciano es el arzobispo. Viaja fuera del pueblo y sigue ayudando a las personas.

Nuga miró a la mujer. Tenía un rostro muy hermoso, sus ojos eran verdes y su cabello largo y blanco.

–Perdone, quién eres. ¿Por qué sabes que estoy curando a otras personas? Ese anciano quiso engañarme, sabía que era una persona perversa –comentó la joven.

La mujer quiso decirle algo pero desapareció misteriosamente entre la multitud. Nuga quiso darle las gracias.

–¿Habéis visto a una señora de cabellos blancos? –Preguntó la joven a un grupo de comerciantes.

Nadie había visto nada. Nuga tuvo la intuición que se trataba de un alma de luz. Cuando llegó a casa le preguntó a su madre.

–Hija, todas las personas tenemos un ser que nos protege y tú tienes a una mujer. La has visto porque puedes ver a otras entidades superiores –añadió la madre.

–Esa señora me dijo que me marchara del pueblo –dijo Nuga.

–Tendremos que hacerle caso. Los soldados volverán a por ti. Dónde nos iremos –comentó Rida.

–Tuve un problema con un anciano y la misteriosa mujer me dijo que se trataba del arzobispo disfrazado. Le di un jarabe porque decía que se encontraba mal. Resultó ser que inventó tal dolencia, decía que tenía malaria y la medicación le hizo efecto contrario –añadió su hija.

–¿Estás diciendo que el arzobispo ha probado uno de tus jarabes y está indispuesto? Tenemos que marcharnos de aquí. Volverá.

El relincho de unos caballos se oyó a unas yardas de distancia. La madre y Nuga salieron por la puerta trasera y huyeron a un bosque cercano. Estuvieron unos días escondidas entre la vegetación. Unos soldados prendieron fuego a la casa.

–¡No puedo ver como nuestra casa arde! –Exclamó Rida.

–Madre, no podemos hacer nada por impedirlo. Si los soldados nos llegaran a descubrir, nos matarían. Iremos a Béziers y empezaremos una nueva vida –dijo su hija.

La joven convenció a su madre para viajar a la gran ciudad. Allí se establecieron unos días y fueron elaborando nuevos medicamentos. La madre compró una casa y allí estuvieron unos años.

Nuga cambió su vida cuando conoció a Jen, un caballero de la Orden del Temple. A unas yardas de la ciudad había un castillo de templarios.

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