Archivo | abril 2017

FERIA DEL LIBRO 2017

Feria del libro celebrada en Vecindario, Gran Canaria.  Día 23 de abril. El evento comenzó a las 10:00 de la mañana. Desde muy temprano, muchos curiosos se acercaban para conocer las obras del escritor, Eduardo Agüera. Fue todo un éxito, tanto en ventas, como en personas interesadas en la Edad Media. Personas de todas las edades, de diferentes zonas de la isla, se acercaron para pasar un rato agradable entre libros y buen ambiente literario.

El carisma y la simpatía del escritor gaditano, afincado en Gran Canaria, vuelve a tener nuevos éxitos con sus obras literarias. Asegura tener más de 11 novelas escritas y 300 relatos, todos relacionados en la Edad Media.

 

EL MISTERIO DEL PÁJARO AZUL

 

Katul, Arabia Saudí, año 630.

En la bella ciudad a orillas del Mar Rojo, vive un joven príncipe. Todas sus riquezas ha sido heredada por su padre.

Kazín, nombre del príncipe. Nunca ha contraído matrimonio. Es una persona bastante atractiva, posee unos ojos tan azules que tiene cautivada a todas las doncellas de la ciudad, pero el príncipe no quiere enamorarse, no cree en el amor. Siempre permanece encerrado en su palacio y no le gusta salir.

Una mañana, salió a dar una vuelta por los frondosos jardines de palacio. Se detuvo cerca de una fuente porque oyó una dulce melodía. Jamás había escuchado nada semejante. Era un pajarillo que cantaba dulcemente en la rama de un nogal.

Kazín estuvo todo el día contemplando al pajarillo. El ave se posaba en la fuente y se daba frescos baños. Era muy hermoso, tenía un plumaje azul brillante, nunca había observado en su jardín a un ave tan hermosa. Lo más interesante del ave, era como si quisiera decir algo al príncipe. Incluso llegó a aproximarse a unos metros de él.

Por la tarde, Kazín se fue a su alcoba, abrió la ventana y el pajarillo estaba posado en el borde de la ventana. Comenzó a cantar su alegre melodía.

Todos los días el príncipe oía al pajarillo más hermoso de su jardín. Una mañana temprano Kazín se extrañó no ver al ave. Bajó al jardín, miró el nogal, allí no estaba el pajarillo. El príncipe sintió tristeza no oírlo cantar.

Caminó el príncipe alrededor de la fuente y lo encontró herido en el suelo. Tenía el ala derecha rota. Un gato había intentado devorarlo. Kazín, con mucha delicadeza cogió al ave y se lo llevó a palacio. Preparó una caja con un trozo de trapo. Día tras día Kazín fue curando al pajarillo.

Dos meses después el príncipe fue a mirar en la caja y no estaba. Incluso bajó al jardín, no hubo ni rastro del pajarillo. Triste, se sentó cerca de la fuente. En el reflejo del agua vio a una hermosa doncella de cabellos dorados.

–¿Qué tienes? ¿Por qué estás tan triste? –expresó la doncella.

El príncipe alzó su mirada a la dama y miró extrañado.

–No, nada, simplemente quiero saber dónde está el pájaro más bello de mi jardín. Es la alegría de palacio. No lo oigo cantar –dijo Kazán.

–Sé que te gusta escuchar el sonido de ese pájaro. No te preocupes, volverá –dijo la dama.

Volvió el príncipe a mirar a la dama, ella desapareció tras entrar en un laberinto de rosas. La buscó por todo el jardín.

Un mayordomo de palacio al ver al príncipe tan extrañado preguntó.

–¿Qué le pasa señor?

–¿Has visto a una dama de cabellos dorados pasear por el jardín? –preguntó el príncipe.

–No. Aquí no hay una mujer en todo el palacio, solamente las cocineras –dijo el mayordomo.

El príncipe entró en el laberinto de rosas, una gran sorpresa se llevó cuando oyó la dulce melodía del pajarillo. El ave se posó en el hombro de Kazán.

Fue muy extraño. El pajarillo miraba fijamente, como si quisiera decir algo. ¿Dónde fue la dama? ¿Dónde estuvo el pajarillo? Lo buscó por todo el jardín. Justamente apareció la bella mujer.

Además… pensó en lo que había dicho la doncella. ¿Cómo sabía que el príncipe le gustaba oír cantar al pajarillo?

El hermoso pajarillo azul revoloteó y se posó en una figura de forma femenina, que había en la fuente. Comenzó a cantar y la hermosa doncella rompió el encantamiento.

–¿Eres el ave azul? Es increíble tu hermosa melodía –añadió el príncipe.

–Sí, llevo más de doce años viviendo en este jardín. Una hechicera me convirtió en el ave. Quise comunicarme de alguna manera contigo, pero solo podía cantar. Quiero agradecer haberme curado, aún tengo el arañazo que me hizo ese maldito gato –dijo la doncella.

–No debe ser verdad. Estoy en un sueño. Seguro que despertaré y no te veré nunca más. Quiero casarme contigo y vivir el resto de mi vida junto a ti –dijo Kazán.

Y así fue como el príncipe se enamoró de la dama, el hermoso pájaro azul que reinaba en su jardín.

LA DESPEDIDA

Puerto de Rith, sur de Irlanda, año 1412.

Sarla, está casada felizmente del capitán de un navío, que está cerca de zarpar en Rith ( Irlanda ). Su nombre es Roset.
Roset, lleva media vida en el mar. Ha desafiado a los mares más peligrosos del mundo. Es un gran aventurero y no hay nada que le asuste Ha luchado con despiadados tornados y olas capaces de destrozar un navío de un solo golpe.
Serla, una mujer con carácter lleva casada quince años. Hace dos años nació Part, un niño de ojos azules, según sus padres, es un regalo de Dios.
Roset besó los labios de Serla.
-¿Cuándo vas a regresar? Tu hijo y yo te necesitamos.
-Este viaje será el último. Venderé el navío y nos iremos al valle de Orlà -dijo Roset.
-No vayas al viaje. Presiento que es el último. Disfruta de tu hijo -dijo triste Serla.
-Está todo organizado, tengo que recorrer las costas de España, volveré -comentó Roset.
Serla tenía un extraño presentimiento; no volvería a verlo nunca más. El hombre que conquistó su corazón.
Por la mañana, hacía un tiempo soleado y el mar invitaba a navegar. El navío zarpó con sesenta y cinco tripulantes, todos expertos en navegación. El barco medía cien metros de eslora, con dos mástiles. No hacía viento, por lo que la navegación era cómoda.
Los tripulantes trabajaban en cubierta. Roset por la noche vio una ola gigante. Alertó a la tripulación.
La embarcación se alejó a unas doscientas millas. El mar comenzó a enfurecerse y el barco parecía que se iba a volcar. Cinco marineros cayeron por la borda y el mar se lo tragó de inmediato.
La ola estaba muy cerca de la embarcación. Roset, nunca había visto una ola tan inmensa. Los dos mástiles partieron.
-A estribor, ola gigante. Pónganse a salvo -gritó el capitán.
La mitad de los marineros cayeron a las frías y turbulentas aguas del Atlántico.
Roset recordaba las dulces palabras de su mujer. Ahora comprendió en la intuición de Serla. Pero era tarde, la ola golpeó la proa y el barco comenzó a hundirse. Los tripulantes intentaban salvarse, pero la ola se los llevó.
El barco acabó en mitad del océano. Nadie sabría sobre el paradero de los marineros.
-Dios, no me abandones. Quiero disfrutar de mi mujer y de mi hijo. Por favor, no quiero morir ahogado -dijo Roset intentando coger su último aliento.
El capitán se agarró a un trozo de mástil que flotaba a la deriva. No tenía fuerzas, sus brazos se aflojaron y sus párpados se cerraron.
Una luz cegadora despertó al capitán. Estaba en una isla. Sus playas paradisíacas y densas selvas. La corriente había desplazado a Roset a un paraíso.
Cuando recuperó la conciencia, se puso en pie. Estaba aturdido. Algunos recuerdos llegaban a su mente sobre su tripulación.
-Soy el único superviviente. Dios gracias -dijo Roset agradecido.
El capitán estuvo durante un año en una isla totalmente deshabitada. Aprendió a sobrevivir y a valorar la vida. Ya que Dios le dio una nueva oportunidad.
Roset volvió a Irlanda. Un barco lo rescató y buscó a su familia.
Serla no podía creerlo; su marido, muy delgado y desmejorado, con una barba muy poblada. Lo reconoció por la voz.
-Mi amor, me notificaron vuestro hundimiento en Finisterre. Hemos celebrado un funeral por las almas de esos marineros -dijo Serla.
-Soy el único superviviente. Estuve en una isla. Dios me ayudó. Jamás volveré a navegar, porque Él me ha salvado -comentó Roset.
Serla, quedó embarazada de su segundo hijo y no pudieron irse al valle de Orlà. Pero fueron felices en la costa. Se construyó una gran cruz en memoria de los marineros fallecidos.

ARIANNA Y EL GIGANTE

 

 

Año 560, Wizerláht

Wilzerlát es un lugar perdido en lo más profundo de la selva. Una ciudad construida por los dioses. Aunque los dioses crearon unos gigantes para que protegiese la enigmática ciudad. Sus templos recuerdan a los de la antigua Grecia. Jardines inmensos y hay una academia construida en el centro de la ciudad donde salen instruidos los sabios de Wizerláht.

La ciudad fue creada por el todopoderoso Zeus. Durante miles de años los gigantes dominaron la ciudad y nunca hubo un mortal que venciese a los gigantes, hasta que nació Arianna, una guerrera huna, princesa de Dayán, una ciudad al sur de Wizerláht. La hermosa princesa se enamoró de Krotu, un guerrero poderoso. Una mañana el guerrero salió al Monte Zark, un lugar escalofriante con cientos de leyendas. Había anochecido y Krotu no había regresado. La princesa estaba asustada, sabía que algo había pasado, no era habitual no volver a casa tan tarde.

Arianna pidió permiso a su padre, el rey Zulo. –Padre, presiento que algo malo ha pasado a Krotu. Es de noche y no ha regresado. He de ir al Monte de Zark.

–Hija, no debes de ir a ese siniestro lugar. Si no ha regresado, un gigante lo ha devorado. No puedes ir, es muy peligroso –dijo el rey.

–Padre, no puedo dejar que mi amado muera en manos de esos gigantes, estoy dispuesta a luchar por él. Mi corazón me dice que aún vive –comentó la hija.

–Pues, haz lo que tu corazón te dicte… si necesitas ayuda, puedo ordenar a mis mejores guerreros que te acompañen –dijo su padre.

–No padre, iré sola, puedo luchar. Mi amor es tan fuerte, que podría vencer a cualquier bestia, si es por amor.

Arianna cogió sus principales armas y fue a por su caballo. Estuvo toda la noche recorriendo el Monte de Zark. Era un lugar sin vida, sin árboles, muy árido. En las montañas había miles de cuevas.

La guerrera detuvo el caballo, se puso muy nervioso su hermoso corcel, no quería continuar como si hubiera un muro imaginario, el caballo relinchaba.

Arianna bajó del caballo, desenfundó su larga espada y anduvo lentamente hacia las cuevas. –¡Krotu! ¿Estás ahí?

Solo hubo viento y silencio. La guerrera originó ciertos  ruidos al caminar, emitía cierto eco entre las montañas. Unas rocas inmensas se desprendieron y cayeron muy cerca de Arianna, ella tuvo que esquivar las piedras más pesadas, para evitar ser aplastada.

Un gigante de unos quince metros salió de una cueva y con una voluminosa maza golpeaba las rocas con fuerza. Provocando grandes desprendimientos. La guerrera esquivaba los pedruscos.

–Vengo en busca de mi amado. No me iré de aquí hasta encontrarlo y tenerlo en mis brazos –dijo Arianna.

El gigante era panzudo y velludo. Bajó de las montañas y se colocó frente a la hábil guerrera.

–El guerrero está en una de estas cuevas. Si era capaz de encontrarlo, tuyo será. No olvides que cada cueva la custodia un monstruo. Tendrás que luchar con cada uno de ellos –dijo el gigante.

–Sí lo haré. Por amor lucharé hasta mi muerte. Lo buscaré antes del amanecer y me lo llevaré a Dayán –comentó la guerrera.

La guerrera entró en la primera cueva. Justo en la entrada había un hambriento y feroz león. La fiera saltó sobre ella, pero la princesa clavó su espada. El león cayó encima de ella.

La cueva, a su vez tenía dos conductos más pequeños. Por suerte eligió la de la izquierda. El techo era mucho más bajo que la anterior. Comenzó a estrecharse y daba cierto temor adentrarse. Oyó un gran rugido y apareció un animal fuerte, muy similar a un lobo, tenía aspecto humano.

–Márchate de aquí, de lo contrario morirás –dijo el lobo.

La guerrera empuñó su espada con las dos manos y se acercó con mucha cautela. El lobo dio un salto y de un solo movimiento cortó la cabeza del animal. La heroína siguió por la cueva sin encontrar a Krotu. Intentó buscar la salida pero vio tres conductos mucho más estrechos, estaba indecisa. Decidió entrar por el del centro. Según su intuición, su amado estaba cerca. Jamás había entrado en las cuevas del Monte Zark. Eran peligrosas, quien entraba en sus entrañas era complicado salir con vida.

–¡Arianna! No entres, cuidado con Cerla. No entres. Gritó el guerrero.

–Cariño… ¿dónde estás? ¿Quién es Cerla? –dijo Arianna.

–Márchate, es muy peligrosa, cuidado –dijo el guerrero.

Arinanne cruzó una cueva un poco más grande. Justo en la entrada había una hermosa mujer de cabellos blancos. Sus ojos eran amarillos y poseía un cuerpo perfecto. Tenía cuatro brazos. En cada brazo portaba una espada.

–No te acerques, de lo contrario te mataré –gritó Cerla.

Arianna dio un paso al frente y comenzó a luchar contra la malvada mujer.

–Soy la que custodio el inframundo, voy a llevarme a Krotu, quiero poseerlo –comentó Cerla.

–No te lo voy a permitir. Krotu es mi amado, no vas a poseerlo –admitió la guerrera mientras luchaba.

De lo más profundo de la cueva apareció un tigre blanco, era la mascota de Cerla. El gran felino corrió hacia la guerrera, ella cargó su arco rápidamente y dio en el blanco. El tigre murió y Cerla lloraba junto a su mascota.

La audaz guerrera aprovechó para liberar a su amado y salir de la cueva. Cerla se interpuso entre ellos.

–No vais a salir vivos de aquí. Esa mujer ha matado a mi mascota.

Krotu con su fuerza derribó parte de la cueva y Cerla quedó sepultada en la gruta.

Los dos enamorados salieron del Monte Zark, ya estaba amaneciendo.

El gigante estaba sentado sobre las rocas y felicitó a la pareja:

–Jamás he visto a una mujer tan valiente. Has luchado por lo que sientes, tu gran amor. Te mereces mis respetos, eres la única mortal que ha sobrevivido en las cuevas. Has demostrado valentía y astucia. Os acompañaré a salir de aquí.

El forzudo gigante acompañó a los dos enamorados a Dayán. Se ofreció para protegerlos del ataque de lobos y osos.

Por el camino hubo varios ataques por parte de lobos hambrientos. Krotu tenía una fuerza sobrehumana, venció a los lobos con sus manos. Decía la población de Dayán que era el hijo de Zeus. La rencarnación de Efeso. Por eso cuando derribó las paredes de la cueva, Arianna se dio cuenta que no era una persona humana.

–Krotu. ¿te has dado cuenta de la fuerza que posees? –preguntó Arianna.

–Sí. Esa fuerza viene de mi corazón. Es como si los dioses me ayudaran. Cuando era pequeño podía derribar troncos de árboles. Por eso los vecinos decían que era Efeso –comentó el guerrero.

El gigante contó una historia muy interesante:

Hace miles de años hubo una batalla de dioses. Zeus bajó del cielo acompañado por su mujer, Hera. Sus hijos lucharon contra unos gigantes malos que defendieron el Monte de Zark. Pero los gigantes fueron vencidos, por Efeso. Era un joven con gran fuerza. Los dioses crearon un monstruo llamado Zark. Es un dragón de tres cabezas y vive al norte de aquí, todavía está vivo. Es un ser inmortal, por eso fue creado para proteger el valle de los gigantes. Nosotros somos gigantes buenos. Zeus nos creó para defender el Monte, por eso cuando te vi, me puse agresivo.

–¡Qué bonita la historia! No puedo creer que estamos sobre una zona donde estuvieron los dioses –comentó feliz Arianna.

–Os voy a revelar vuestro secreto. Tú, hermosa guerrera, eres Artemisa, hermana de Efeso. Los dioses pueden casarse. Vosotros sois esos dioses, habéis venido en esta época, siglo VI d.C., para proteger el mundo –dijo el gigante.

–No entiendo… ¿estás diciendo que soy hijo de Zeus y que Arianna es Artemisa? –añadió Krotu.

–Sí. Veo que lo has entendido. Quiero que sigáis con el secreto, nadie puede saber vuestra realidad. Sois mortales y protegeréis el mundo –dijo el gigante.

El gigante se despidió de la enamorada pareja, habían llegado al pueblo huno, Dayán.

Nadie del pueblo había visto al gigante, regresó al Monte Zark. La feliz pareja mantuvo el secreto.

El rey Zulo había estado muy preocupado por su hija. Había estado toda la noche perdida en el Monte. Ella contó su aventura a los más jóvenes del pueblo. Su padre hizo una gran ceremonia bajo la luz de la Luna.

Los más pequeños quedaron asombrados por los gigantes y esa guerrera de cuatro brazos llamada Cerla.

Krotu pidió permiso al rey para tomar la mano de  su hija Arianna, su gran amor.

–Majestad, para mí es un honor pasar toda mi vida junto a su hija. Posee un inmenso corazón.

El rey aceptó. Por la mañana prepararon el enlace. La feliz pareja unieron sus corazones para siempre. Un pueblo feliz cargado de amor.

El secreto de Arianna y Krotu se mantuvo hasta el final de sus días. No fue el final, porque aún están juntos en el reino de Olimpo, el lugar de los dioses, allí está, Efeso y Artemisa, juntos para la eternidad.

 

 

 

 

LA CIUDAD DE LOS OGROS

 

Muchos niños han desaparecido en la ciudad de Vaasa, al oeste de Finlandia. No se sabe nada. Ni rastros de los niños. ¿Dónde han podido ir? Sus padres desesperados no encuentran una explicación racional. Hace años un grupo de niños desaparecieron mientras jugaban en el bosque. Jamás aparecieron. Miles de niños desaparecen sin dejar rastro.

El alcalde de Vaasa ha investigado las extrañas desapariciones. Un dato importante, suelen desaparecer niños y niñas entre seis y doce años. ¿Por qué? El ayudante del alcalde, Josu ha indagado; en principio parecía una leyenda, pero la realidad de los casos de desapariciones en Vaasa llegó que se trataban de ogros.

Durante miles de años, hubo una ciudad de ogros llamada, Krezán. Los ogros se alimentan de niños y Josu lleva años leyendo acerca de los ogros, cree que los causantes de las desapariciones, se tratan de ogros gigantescos.

El alcalde se reunió junto a su ayudante:

–Señor alcalde, estamos en 1490. Es absurdo lo que voy a mencionar. Las desapariciones de esos niños, los culpables son ogros, viven en el bosque en una ciudad llamada Krezán. Sé que existe, parece que es una leyenda pero es cierto. Cuando era niño, casi me secuestra un gigante. Pude escapar y desde entonces creo en ellos –comentó Josu.

–¡Es una teoría muy poco creíble! ¡Ogros en nuestros bosques! Creo que fue un sueño lo tuyo. Los ogros no existen –gritó el alcalde.

–Suena a fantasía. Es realidad lo que estoy diciendo. Los ogros han existido siempre. Son gigantes muy fuertes y feos. Su alimento principal son los niños. Tenemos que pensar en algo. La ciudad se está quedando sin niños –admitió el ayudante.

–No puedo reunir a la población y decir que unos ogros están secuestrando a los niños. No creo en ogros. Es un disparate. Estoy convencido, que es una persona descelebrada la que está raptando a los niños. Voy a reunir a unos cuantos guardias y vamos a inspeccionar el bosque –comentó el alcalde.

–¡Se me ocurre una idea! Vayamos al bosque, lleve a un niño. Será un cebo perfecto para divisar a ogros –añadió el ayudante.

–De acuerdo. Llevaré a mi hija, tiene ocho años. Esta misma noche recorremos el profundo y denso bosque. Estoy deseando detener al culpable de los secuestros –dijo el alcalde.

–No sirve de nada saber quién secuestra a los niños. Es importante saber dónde viven y así atacar su guarida. Según todo lo que he leído sobre los ogros, vive en Krezán. Una ciudad en forma circular. Allí matan a los niños y se los comen, por eso nunca aparecen –comentó Josu.

–Antes del ocaso entraremos en el bosque –añadió el alcalde.

Josu fue a su casa y habló con su mujer. Ella no estaba. Presentía que algo malo había pasado. Normalmente estaría preparando la cena. En la planta de arriba oyó un grito. Era ella desesperada. Su hijo Anfón había desaparecido.

Josu no podía creer que su hijo había sido secuestrado por los ogros.

–Voy a traer a Anfón. Tengo que apresurarme. Nuestro hijo corre riesgo de ser quemado y devorado –dijo Josu.

–Escuché un ruido muy fuerte en su alcoba. Cuando subí no estaba. Debe ser que ha salido por la ventana. Nuestro hijo ha desaparecido –dijo mientras sollozaba su mujer.

Josu fue en busca del alcalde. Había preparado a una veintena de guardias.

–Señor alcalde. Mi hijo acaba de desaparecer. Debemos ir al bosque de inmediato –dijo Josu.

–Mi hija también ha desaparecido. Matemos a esos gigantes –dijo el alcalde.

Muchos padres se habían unido a la búsqueda de sus hijos, todos llevaban antorchas.

Esa noche fue horrible. No había luna, era mucho más oscura. El bosque daba cierto temor. Muchos ruidos de animales alertaron a los guardias.

Josu descubrió algunas huellas cerca de un río. Eran pisadas muy grandes.

El bosque no tenía fin. Había gran cantidad de árboles que cerraba los senderos y era muy difícil acceder.

–Nuestros hijos están en peligro –gritaban desesperados los padres de los niños.

–Sigamos las huellas, no deben estar muy lejos. Vayamos con cuidado, son muy fuertes y nos matarían de un solo golpe –alertó Josu.

A unas yardas de distancia vieron el resplandor de una gran hoguera. Se trataban de los ogros. Llevaba consigo a más de cincuenta niños que habían secuestrado recientemente. Entre ellos estaba Anfón.

Había cuatro ogros. Estaban sentados y calentando la hoguera.

El alcalde y los padres habían quedado asombrados ante la presencia de ogros. Debían medir casi siete metros de altura. Eran panzudos y fuertes de brazos. Sus colmillos sobresalían de sus bocas.

Los ogros tienen muy buen olfato, sabían que estaban sus padres. Cientos de ogros aparecieron en el bosque. Salían de todas partes.

Los padres fueron rodeados y junto con sus hijos fueron llevados a Krezán.

Era una ciudad increíble. En un gran círculo inmenso vivían los ogros. Sus casas eran grandes templos.

Cuando los ogros iban a comerse a todos, del bosque emergió una gran luz de color blanca. Salió un gigante de más de cincuenta metros. El gigante luchó con todos al mismo tiempo. Tenía una fuerza descomunal. Los templos fueron derribados y los ogros quedaron atrapados para siempre en su interior. La ciudad de los ogros desapareció y los niños volvieron a ver a sus padres.

Josu y el alcalde jamás supieron quién era el gigante que salvó a todos los niños.

Años después el ayudante descubrió que se trataba del Dios del bosque, Yot.

Vaasa, cada año hace una fiesta en honor al gigante que salvó sus vidas para siempre.

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