Archivo | febrero 2017

LA DONCELLA

CAMINOS DE UN TEMPLARIO

TIERRAS DE PODER

 

El ejército del príncipe Bohemundo se está desplazando hacia la ciudad de Iconium. Otros cruzados esperan ansiosos en la frontera, entre Perga y Miletus, Turquía. Han montado un gran campamento y están reunidos para comenzar a tratar sobre la estrategia de ataque a la ciudad de Iconium. Su objetivo; asaltar la ciudad y conquistar todas las zonas próximas a Iconium.
El príncipe Bohemundo ha preferido embarcar y atravesar el Mar Adriático. Ha cargado numerosas provisiones y nuevos armamentos para el asedio. Los cruzados están convencidos en la victoria y han reclutado a nuevos soldados.
Lo que los cruzados no saben; en Antioquía hay un ejército revolucionario llamado Hak lud. Son todos de origen musulmán, aunque hay algunos cristianos que han renunciado a sus creencias y sirven en el ejército. Espera la llegada del príncipe Bohemundo, así es más sencillo atracarlo y asaltar todas las pertenencias del ejército cruzado.
Así fue… El sultán Muhed-Mu ha secuestrado al príncipe justamente en la frontera de Antioquía. Sus hombres han sido asesinados y los lobos se han encargado de devorar a los cadáveres.
Ha sido un verdadero infierno. Un valiente soldado del príncipe ha sobrevivido y ha salvado a Bohemundo. Ambos han estado perdidos en el desierto.
Más de sesenta días han recorrido cientos de kilómetros. El príncipe está muy débil y necesita beber agua. Las provisiones fueron saqueadas por el sultán y llevan más de cinco días sin alimentos.
Josh, el soldado, ha visto unas palmeras. El calor es asombroso y deciden descansar.
Bohemundo oye a unos caballos en la distancia. Es un destacamento de caballeros templarios.
El jefe de los templarios ha mostrado su ayuda y ambos han ido a un hermoso castillo a las afueras de Antioquía.
Josh está preocupado por la vida de Bohemundo, está muy enfermo.
Algunos caballeros de la orden ayudan al príncipe. Unos meses después Bohemundo consigue vencer a la muerte.
Los caballeros templarios prometen acabar con el sultán y van en su busca.
Josh y el príncipe va junto con el jefe de los templarios. Necesitan más combatientes para retar a Muhed-Mu. Josh da la idea de ir en busca del campamento cruzado, cerca de Antioquía. Se encuentran cerca de la bella ciudad de Perga. Allí, los templarios tienen su cuartel general, una enorme fortaleza reconstruida a principios del siglo X. Anteriormente fue una mezquita.
El jefe de los templarios invitó al príncipe y al soldado a quedarse en el castillo. En la gran sala había una veintena de caballeros, estaban orando.
En cuanto entró el jefe, se pusieron en pie.
–Aquí está el príncipe Bohemundo, los hemos encontrado muy enfermo, está mucho más recuperado. El sultán Muhed-Mu atacó a sus hombres, los han matado a todos. Debemos buscar los otros cruzados. Están en un campamento cerca de Perga y Miletus –comentó el jefe.
Los caballeros no estaban convencidos en atacar al sultán. Los Haklud son los guerreros musulmanes más sanguinarios de Turquía.
–No estamos de acuerdo. El sultán tiene más hombres que nosotros, no podemos retarle –dijo un caballero.
Al día siguiente el jefe fue junto con siete caballeros. El príncipe y Josh querían llegar al campamento cruzado, sería mucho más sencillo enfrentarse al sultán. Los templarios aceptaron.
En una semana llegaron al campamento. Basilio II, emperador del imperio Otomano, estaba con sus combatientes esperando para asaltar la ciudad de Iconium.
Cuando vio al príncipe, todos se pusieron contentos. Por la noche suspendieron el asedio y fueron en busca de los Haklud.
La gran batalla se protagonizó cerca de Miletus. El sultán contaba con ochenta mil hombres, pero no fueron suficientes para derrotar a los cruazados. La victoria del príncipe fue clara y el papa felicitó a Bohemundo. Consiguieron conquistar Antioquía e Iconium. El príncipe fue elegido como príncipe de Antioquía. Josh falleció en la batalla, pero se fue al Reino de Dios contento, porque salvó al monarca de una muerte inminente.
Gracias a Basilio II, el emperador regresó a Bulgaria y se llevó mulas cargadas de oro. En la ciudad de Iconium había numerosas minas de oro.
Los cruzados fueron conquistando ciudades y la fama creció en todo occidente.

PERDONA PADRE

 

A veces pienso, por qué el Padre no participa en ayudarnos. Ahora después de todo lo que he sufrido en la Santa Inquisición me he puesto a reflexionar. Os voy a contar qué sucedió aquella noche.
París, año 1238

Tengo mis propias creencias. Creo en Dios , pero no creo en algunas teorías.
Dejé de visitar la iglesia, no veía ningún sentido, puesto que Dios está en todos los lugares.
Soy una persona de gran corazón y me gusta ayudar a los demás.
Desde la noche que me separaron de mi familia, pensé que Dios me había olvidado.
Recuerdo que hacía frío, encendí la chimenea y mi mujer y mis hijos estaban esperando para la cena.
Unos soldados fuertemente armados golpearon la puerta.
Mis hijos se asustaron y pedí que se tranquilizaran.
Los soldados, sin mediar palabras me golpearon en el vientre y me subieron en un carro.
Uno de los soldados prendieron fuego a mi casa con mi mujer y mis hijos… aún recuerdo los gritos de mis hijos. Fue el peor día de mi vida.
No entendía por qué me hicieron tanto daño.
Los soldados me condujeron por unas calles muy estrechas. Al final del camino había un palacio. Era la residencia del obispo de París.
Cinco soldados más se unieron a la entrada del palacio.
Justamente intenté escapar, pero los soldados me detuvieron y me dieron una brutal paliza. Sentía fuertes patadas por todo mi cuerpo. Después me llevaron al interior de un calabozo.
Me dejaron desnudo. No podía moverme.
Por la mañana una luz me despertó. Era el amanecer, los rayos de sol entraba por una minúscula ventana.
-Perdona Padre si he dudado mi fe. Mis hijos y mi mujer han muerto en manos de los hombres del obispo. Por favor ayúdame. No quiero sufrir.
Los días fueron pasando y nadie venía verme a la celda. Una semana encerrado, fue mi peor tortura. Pedí a Dios que me llevara con él.
Me hizo caso.
La puerta del calabozo se abrió y un soldado dijo.
-Siento mucho todo lo que han hecho mis compañeros. Estuve en el momento que ardió tu casa. Me sentí muy triste y decepcionado -dijo el soldado.
-Sólo quiero que me maten, pero si sufrimientos. Todavía no entiendo por qué estoy aquí.
-Cumplimos órdenes del obispo. Todas las personas que no asistan a misa, serán quemadas como herejes -dijo el soldado.
-No entiendo. ¿ Dices qué voy morir quemado?
-Sí. Por eso vengo a salvarte.
El soldado se convirtió en mi mejor amigo y juntos huímos de la ciudad. Estuvimos durante semanas viajando por el sur de Francia.
Llegamos a Tarragona y nos escondimos en un monasterio. Un año después, el obispo de París había muerto en extrañas circunstancias.
Nunca averigüé su muerte. En estos momentos escribo bajo la luz de la luna y creo en el Padre porque me ayudó y estuvo conmigo en todo momento.

LA DONCELLA

 

Una hermosa doncella paseaba por las hermosas calles de Cherter, Irlanda. Estaba cabizbaja, su rostro reflejaba tristeza. Vestía un elegante traje blanco.
Un caballero se detuvo al ver semejante belleza.
-¿Qué os pasa bella doncella? Preguntó el honorable caballero.
-Siento mucha tristeza. Mi corazón no palpita -aseguró la doncella.
-¿A qué se debe? ¿Os puedo ayudar si me lo permitís?
-Nunca me he enamorado. Me encanta amar, pero jamás he encontrado el amor adecuado -dijo la doncella.
-Cierra los ojos y deja que tu alma sienta el amor. Agarra mis manos -admitió el caballero.
La doncella hizo caso y cerró los ojos. Cuando los abrió, el caballero comenzó a besar sus delicados labios.
Ella sintió a su corazón y dijo.
-Ahora siento amor. Todo lo que me rodea es paz. Y la hierba comienza a brotar, adornada por bellas amapolas.
-Mi hermosa doncella. Siempre he estado enamorado de vos. Recuerdas cuando éramos pequeños. Estabas en el lago y casi te ahogas. Yo te salvé. Han pasado diez años, y no he dejado de amarte ni un solo instante -comentó el caballero.
-Eso era mi tristeza, sentía el amor, pero no lo veía. Ahora está a mi lado el hombre de mi vida -añadió la doncella.
La enamorada pareja se unieron para siempre y se fueron a vivir a Lorter, al este de Irlanda.

La Llamada de Dios

LA LLAMADA DE DIOS

 

Valencia, año 1125.

Un gran ejército ha salido de Valencia rumbo a Tierra Santa. El obispo de la ciudad ha reunido a los máximos representantes de la nobleza cruzada. El rey de Navarra Alfonso I, apodado como el Batallador. En su inmenso ejército están los condes, Montilla y Villa Arende. Ambos están llamados al Reino de Dios, pero antes hay que luchar en Tierra Santa.

–Amigos de la fe. Amigos de la guerra, Dios nos llama porque tenemos que conquistar la tierra del hijo de Dios. Apuesto porque sois los mejores, todos estamos para llegar al final de este mar de sangre –dijo el obispo.

–Todos estamos convencidos en el triunfo. No hay nada que nos detengan. Mis soldados de Cristo están preparados para entrar en combate –dijo el rey de Navarra.

–Mañana saldremos hacia Tierra Santa, del puerto de Valencia. Será una aventura peligrosa –dijo el obispo.

La reunión concluyó y esa misma noche durmieron en el castillo de Arand, al sur de Valencia.

Entre los diez mil combatientes del rey de Navarra, hubo un caballero llamado Rodolfo. Éste, se convirtió en la mano derecha del monarca y comandante de su ejército.

La mañana del 12 de mayo de 1125 zarpó del puerto de Valencia, el ejército navarro. El día estaba soleado y el mar invitaba a navegar, puesto que no había oleaje.

La nave estuvo muy cerca de hundirse en las costas de Grecia. El mal tiempo partió un mástil y la vela se rasgó. El fuerte viento desvió a la embarcación hacia unas rocas, muy cerca de Sicilia. La proa partió y la mayoría de los soldados fueron a parar a las turbulentas aguas del Tirreno.

La terrible desgracia del ejército navarro sembró el pánico. La mayoría murieron ahogados, entre ellos, los condes Montilla y Villa Arende. El caballero Rodolfo se arrojó a las violentas olas, para salvar a su rey. Alfonso I había caído al mar. El valiente cruzado agarró al monarca y nadó con fuerzas, en contra de las olas. El viento impactaba fuertemente y era complicado llegar a la embarcación, la corriente los arrastraba. El monarca había tragado mucha agua y había perdido todas sus fuerzas.

Después de estar luchando contra la vida y la muerte, Rodolfo logró llegar a la nave. Gracias a la rápida intervención del caballero, el rey salvó su vida.

Una semana después, Alfonso I decide regresar a casa. El obispo intentó convencer al monarca para que no abandonara y siguiera la travesía. El caballero y el rey fueron las dos únicas  personas que renunciaron la expedición.

Al cabo de un año, el rey es informado del fatal desenlace de las tropas del obispo. Todos habían muerto antes de llegar a las puertas de Jerusalén.

Para recompensar el monarca, eligió al caballero como… comandante del ejército, del rey Alfonso I el Batallador.

 

 

 

 

Narración. En busca de Arlhón

Narración. En busca de tu sueño

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