Archivo | junio 2016

CRISTERIS

 

 

Wilder, Reino de Sama, año 600.

Una terrible enfermedad se ha estendido por todo el reino. Los causantes, unos seres extraños y demoníacos que hace alimentarse de almas. Una vez que absorbe el alma, queda convertido en una temible bestia. Éstos seres quieren poblar el Reino de Sama y gobernar para siempre, convertidos en bestias salvajes. Se llaman, Cristeris.
En el Reino ha comenzado la enfermedad. El primero en contagiarse fue, Zon, el rey. El rey está bajo los efectos de la enfermedad. Durante 20 días comienza a notar ciertos comportamientos extraños. Falta de apetito, sed contínua, y poco a poco, sientes como los pulmones van dejando de funcionar y finalmente mueres asfixiado. Una vez muerto, el alma se libera y lo captura los Cristeris. El cuerpo queda a merced de ellos.
La enfermedad se está extendiendo bastante rápido.
Menhir, es un joven y audaz guerrero, quiere salvar su reino, pero la enfermedad ha contagiado a toda su familia. Sus padres y tres hermanos. Ahora son auténticos monstruos.
En cuestión de varios meses, el Reino de Sama ha quedado totalmente contagiado, y sus gentes a merced de los Cristeris. El problema es, que la gente contagiada pueden morder o atacar y transportar la enfermedad por todo el territorio.
Menhir y una bella doncella, son los únicos supervivientes. Han huido hacia el norte, zonas más frías, en busca de ayuda e intentar que la enfermedad no se extienda.
La bella doncella se llama, Manza, toda su familia ha sido infectada.
Menhir y Manza han estado más de tres meses recorriendo el bosque de los Werst, unos guerreros convertidos en ogro, capaces de destrozar a una persona con sus propias manos.
Menhir ha cautivado el corazón de los ogros, ha salvado a uno, de una muerte segura.
Rogún, jefe de los ogros, ha ofrecido su ayuda, para eliminar a los Cristeris.
Rogún conoce a un brujo que es capaz de inventar pócimas, capaz de curar la terrible enfermedad.
Menhir está interesado en conocer a ese brujo y aprender los secretos para elaborar esa pócima y poder salvar al mundo.
Manza, está cansada, lo que no sabe Menhir, está empezando a notar ciertos comportamientos extraños, cree que está contagiada.
-Quiero que me dejes aquí. Soy uno de ellos, prefiero morir aquí, o mátame, por favor -dijo Manza.
Menhir no podía creerlo. Cogió sus manos y dijo.
-No voy a permitir que esa enfermedad acabe contigo.Vamos a casa de ese brujo y te curarás. No voy abandonarte -dijo el guerrero.
Rogún decidió acompañarlos y fueron a casa del brujo. Estuvieron días caminando por el bosque, pero no encontraron al brujo. Manza había empeorado y apenas podía caminar. Sus pulmones estaban comprimidos y no podía respirar.
Menhir estaba convencido que iba a encontrar la casa del brujo y Manza se curaría.
El bosque era interminable. Los árboles cerraban el paso y estaba muy oscuro. El sol no penetraba entre la vegetación y había gran cantidad de humedad. Los troncos estaban plagados de musgos y parecía un lugar prehistórico. Daba cierto respeto adentrarse en aquel bosque.
Manza tuvo que parar, no podía caminar y su rostro estaba morado. Tosía continuamente e intentaba coger aíre pero no podía, estaba muy mal.
Menhir estaba desesperado, no sabía cómo ayudar a la doncella. No podía verla de esa manera.
Rogún avisó al guerrero.
-¡La casa del brujo! -gritó el ogro con un tono de alegría.
Menhir sostuvo en sus brazos a Manza y caminaron por el bosque hasta llegar a la casa del brujo.
Un señor delgado, vestido con una larga túnica roja y tenía el pelo totalmente blanco.
-Pasen, esa doncella está muy mal -dijo el brujo.
-Ha sido contagiada por los Cristeris y no creo que sobreviva -dijo el guerrero.
-Necesito una planta, se llama, Platesgis Planatus, con sus hojas puede vencer a la enfermedad -explicó el brujo.
-¿Dónde puedo localizar esas plantas?, quiero salvar a mi Reino -preguntó el guerrero.
-Está fuera de este bosque, entre las montañas de Monga, un lugar muy peligroso, donde hay osos y animales enormes -dijo el brujo.
-Conozco ese lugar, voy con vos -dijo el ogro.
-De acuerdo, iré a buscar esas plantas y salvaré a mi Reino-dijo Menhir.
Manza quedó en manos del brujo, le dio una pócima y parecía que estaba algo mejor, pero necesitaba más plantas.
El ogro y el guerrero fueron hacia las montañas de Monga. Pasaron toda la noche caminando. Al amanecer llegaron a la bella montaña.
Justamente cuando el guerrero iba a subir por la montaña, un gran oso fue a devorarlo.
El ogro se interpuso, y el oso le dio un fuerte zarpazo.
Con sus fuertes manos agarró la cabeza del oso a la altura del cuello y lo asfixió.
Rogún no pudo resistir la heridas y falleció.
El guerrero trepó hasta la cumbre y encontró las plantas. Cogió un saco y lo llenó.
De vuelta, una pantera intentó despedazar a Menhir. Desenfundó su espada y justo cuando el felino se abalanzó sobre él, éste la partió en dos partes.
Dos días después, el guerrero consiguió que el brujo elaborara más pócimas y Manza se había salvado. La enfermedad había desaparecido.
Menhir y Manza regresaron al Reino de Sama. Suministraron la pócima a los contagiados y pudieron salvar a su Reino. Zon, el rey, no pudo regresar, ya que había muerto. Salvó a todos los miembros de su familia.
El Reino de Sama fue libre de la enfermedad y los Cristris fueron vencidos y exterminados. Menhir fue elegido rey de Sama y el Reino se convirtió en un Reino de paz.

He conseguido la pócima y he salvado miles de vidas, gracias a la fe en mí, he conseguido un Reino que estaba perdido, en un Reino de paz.

 

 

LAS CLAVES SECRETAS DE BERNARD

 

 

 

Año 1255.

Bernard es un caballero templario muy experimentado en claves secretas. Es el mejor de todos los monjes guerreros. El Gran Maestre le ha citado en el castillo de Colín, al sur de Francia.
El ingenioso caballero se presentó en el castillo, la mañana del 12 de Mayo de 1255.
Dentro del gran salón había una lujosa mesa y un cómodo sillón de color morado. Estaba sentado el Gran Maestre y varios consejeros más de la Orden.
Bernard se arrodilló frente a su líder e hizo una reverencia.
-Gran Maestre, llevo todo el día cabalgando por esas praderas y es un honor presentarme ante vos. ¿Qué desea? -preguntó el caballero.
-Mi más admirado caballero. Sé que eres el mejor en descodificar códigos secretos y saber mensajes ocultos. Tengo una misión que encargaros. En la ciudad de Toledo, en casa del conde de Cornollar, hay un cuadro de un autor anónimo, es muy antiguo. Tengo entendido que ese cuadro tiene un código secreto a cerca de Jesús. Es decir, a través de sus pinturas trasmite una serie de mensajes ocultos sobre la vida de Jesús. Necesito que traigas ese cuadro e intentes desvelar el secreto -explicó el Gran Maestre.
-¿Cómo traigo ese cuadro? supongo que será propiedad del conde. Podré observar el cuadro y descifrar esos códigos -admitió el caballero.
-Verás… le explico… Ese cuadro fue traído de Jerusalén, a raíz de la primera cruzada. Un caballero francés lo encontró y lo llevó a Francia. Descubrieron que ese cuadro era de un autor romano llamado Celiano, vivió en tiempos de Jesús. Entonces… quiero que se traiga el cuadro -explicó el Gran Maestre.
-¿Quieres que entre en la residencia del conde y me lleve el cuadro? o hablar con el conde y hacerme pasar por especialista de antigüedades. Creo que lo más certero es comprar el cuadro -ideó el caballero.
-Si, quiero que entres en la residencia del conde. Localice el cuadro y traerlo descifrado. Es imposible comprarlo, es un valor incalculable. Ese cuadro pertenece a los Templarios -dijo el líder.
Por la tarde, el caballero partió del castillo de Colín, rumbo a la hermosa ciudad de Toledo.
Tras varias semanas de camino, Beranard llegó a Toledo. Preguntó a varias personas que estaban comprando en un mercado de la ciudad, dónde se encontraba la residencia del conde de Cornollar.
Uno de ellos ayudó al caballero y lo condujo hasta la puerta de su residencia.
Un guardia muy fornido abrió la gran puerta.
-¿Qué desea señor? -preguntó el guardia.
-Quiero ver al conde. Necesito hablar con él -dijo el templario.
-En estos momentos se encuentra descansando, venga más tarde -dijo el guardián con un tono desafiante.
El caballero no insistió,agachó la cabeza y después golpeó fuertemente al guardián en el rostro.
El templario entró en la residencia y tres guardias le rodearon con largas lanzas.
El conde se asomó a la ventana de su alcoba.
-Traédmelo -ordenó el conde.
Los guardias golpearon en la cabeza al templario y perdió el conocimiento.
Cuando despertó estaba en un horrible lugar. Era una sala pequeña y con mucha humedad. Había una puerta pequeña y una ventana excesivamente pequeña.
El caballero se encontraba aturdido. Se puso en pie y miró por un hueco que había en la puerta.
En la puerta había un guardia.
Bernard gritó.
-¡Socorro! me duele mucho el estómago.
El guardia abrió la puerta.
-¿Qué le ocurre?
Cuando el guardia se acercó al templario, éste le golpeó fuertemente y escapó de aquella horrible habitación.
Subió unas escaleras muy pronunciadas. En ese momento bajaban varios centinelas.
Bernard no tenía escapatoria, pronto darían la voz de alarma y esta vez lo matarían.
El templario se escondió debajo de una mesa que había en un hueco de las escaleras. Uno de los guardianes se paró justamente cerca de la mesa.
El caballero contuvo la respiración.
Después de un rato el caballero salió debajo de la mesa y corrió por las escaleras. Miró todas las habitaciones de la parte superior. Al final del pasillo estaba la alcoba del conde.
Abrió muy sigilosamente y entró. Miró todas las paredes y en otra habitación adosada a la del conde había un lugar lleno de cuadros, era un apasionado del arte.
Eran cuadros de la última cena de Jesús y otros sobre la crucifixión.
Rápidamente localizó el misterioso cuadro. Bernard quedó alucinado por la maestría del cuadro. Cogió el cuadro y salió de la habitación.
En ese momento venía el conde. El caballero estaba indeciso, tenía que ocultarse. Pronto los guardias darían la voz de alarma.
El conde entró con otra persona y se pusieron hablar.
Bernard tuvo que esperar en la habitación de los cuadros.
El templario descubrió un pasadizo secreto y salió por allí.
El pasillo era muy largo. Continuó corriendo. Paró cerca de una cripta y siguió.
Cuando salió del pasadizo, vio que estaba fuera de la residencia.
Los guardias corrían por los alrededores. El conde había ordenado la búsqueda del caballero.
Salieron seis jinetes en su busca.
El templario corrió a través de un río. No sabía donde estaba.
Bernard miró el cuadro. Descifró que Jesús no fue crucificado. Habían matado a otro hombre e hicieron pasar por Jesús.
¿Qué pasó con el verdadero Jesús?
Cuando Bernard llegó la castillo de Colín, el Gran Maestre felicitó al caballero.
El secreto fue desvelado. Jesús sigue vivo.

 

 

 

MI OTRA ALMA

 

Mi nombre es Gerod de Fithose. Pertenezco al ejército del rey Eduardo I de Inglaterra. Hemos concluido las batallas por toda Gran Bretaña. Estamos felices porque hemos conseguido la paz. Ahora tengo un gran problema. Las tropas enemigas se han llevado a mi hermano, junto a diez caballeros más. Nadie de mi ejército son capaces de reaccionar y el rey sólo piensa en su victoria.
He hablado con el monarca y no he visto interés por liberar a mi hermano y los otros caballeros.
He compuesto mi propio ejército y voy a buscar a mi hermano. Primero, tengo que informarme dónde está, y quién se lo ha llevado.
El rey Eduardo me ha dado bastante información. El rey es, Alfonso X, el responsable de tomar como prisionero a diez caballeros más. Tengo que darme prisa y buscar la fortaleza. Los datos que he averiguado. Vive en Castilla. Por lo tanto, tengo que pensar una estrategia para salvar a mi hermano y esos caballeros.
Mi largo viaje ha merecido la pena. Dos meses hasta llegar a las inmediaciones de Castilla. Una zona rodeada de castillos y grandes terrenos de cultivos.
Aunque reconozco que hemos conseguido vencer a los soldados castellanos, han sido más listos y se han llevado a mi hermano.
No he visto ético, la reacción de mi rey. No le ha dado importancia, simplemente su victoria, eso me hace pensar que es bastante egoísta.
Mis soldados están cansados, vamos a parar cerca de un río para descansar y recobrar fuerzas.
Los caballos sacian su sed y los soldados nos reunimos para hablar del ataque, al rey Alfonso.
Hemos llegado cerca de Ávila y su residencia está a unos kilómetros, en el Cerro de Monher, al norte.
La fortaleza está fuertemente vigilada y es muy difícil flanquear sus murallas.
Seis de mis caballeros van a intentar entrar al castillo. Cuando los soldados vayan a por ellos, entraremos por detrás y treparemos las murallas. El asedio será más fácil.
Por la noche, mis hombres han entrado por la puerta principal. Han matado a los centinelas, pero uno de ellos ha avisado al resto de los guardias. El castillo se ha llenado de guardias y caballeros.
Mientras atacan a mis hombres, medio centenar de soldados han trepado la muralla y hemos accedido a su interior con total facilidad.
He visto al rey, pero, prefiero buscar a mi hermano. He recorrido las mazmorras y he matado a los guardias, gracias a Dios he visto a mi hermano. Está mucho más delgado y demacrado. Sólo quedan cuatro caballeros, el resto han muerto por desnutrición.
Ni siquiera, han retirado los cadáveres y las ratas festejan gran cantidad de alimentos.
Es algo aterrador ver a mi hermano entre cadáveres putrefactos.
Mi hermano apenas tiene fuerzas y ayudo a bajar por las escaleras. Cinco guardias interrumpen nuestro camino. Mis hombres me han ayudado y hemos conseguido salir del castillo.
El rey Alfonso está muy enfadado y quiere matarme.
Mi hermano está muy débil y hemos montado en los caballos. Hemos pasado toda la noche cabalgando, hemos entrado en Segovia. Allí hemos descansado. Algunos de mis hombres están heridos, pero sobrevivirán. Ahora, hay que estar preparados, por si viene el rey Alfonso.
Mi hermano, está mejor, ha empezado a comer. Dice que lleva cinco días sin comer ni beber. Los cuatro caballeros liberados están mucho mejor y agradece haberles ayudado.
Me siento muy bien. No soy rey, pero tengo espíritu de rey. He conseguido liberar a mi hermano, y probablemente no siga en el ejército del rey Eduardo I. Fundaré mi propio ejército para luchar contra el bien.
Por la mañana hemos viajado para Gran Bretaña. Dos meses después hemos llegado a Conventry. El rey no esperaba vernos con vida. Sin embargo sus hombres quisieron unirse conmigo y pude fundar una caballería más fuerte. Salimos de Gran Bretaña y nos instalamos en Bélgica. Allí crecimos como soldados y sobre todo como personas.
Muchos reyes europeos han confiado a en nosotros y han decidido regalarnos un gran castillo para seguir entrenando a nuevos soldados de la paz. Mi hermano está conmigo y estamos convencidos que vamos a luchar por un mundo nuevo y mejor.

Siempre luchen, sobre todo si es con corazón.

(Gerod de Fithose, año 1254)

Gerod de Fithose, luchando para conseguir un mundo de paz.

LA ESPERANZA NUNCA SE PIERDE

Una vez más he vuelto a surcar los mares. No me importa, ya que llevo toda mi vida por cumplir este sueño.
Los sueños son proyecciones, normalmente suelen cumplirse. Precisamente, los míos se han cumplido.
Las personas no creen en mí. Pero eso a mí, no me traumatiza, sé perfectamente lo que quiero, y lo más importante, creo en mí.
Cuando construí el barco, pensaron que había perdido la razón.
El día que decidí embarcarme a mi nueva aventura, lo tenía claro. ir a un sitio sin rumbo. Sin poner fechas de regreso. Nadie apoya mi aventura, creen que estoy loco.
El 15 de Junio de 1115 zarpé del puerto de Firmra, Portugal.
Algunos amigos me acompañaron en mi travesía y esa misma noche, el barco fue empujado por las fuertes corrientes hacia el sureste. Los vientos soplaron fuertes y cogimos una velocidad importante. Pasamos noches enteras sin poder dormir, temiendo a hundirnos.
Pensé en los peligros a los que me enfrentaba, pero sabía que todo iba a salir bien.
Las fuertes olas rompió uno de los mástiles y estuvimos a la deriva durante días. El barco rompió en dos trozos y todos fuimos a parar al fondo del mar.
Nunca más vi a mis amigos. Quizás devorados por voraces tiburones o simplemente ahogados.
No recuerdo nada, simplemente cuando me hundí en el mar. Sentía al agua muy fría y como luchaba por sobrevivir.
Por mi mente pasaban recuerdos de mi infancia y justo cuando salí de Portugal. La gente me llamaban loco. Quizás tengan razón, pero tengo claro que hice lo que me gustaba, navegar.
He abierto los ojos, y estoy en una zona única. Una playa que jamás he visto, ni en mis mejores sueños.
Estoy en una isla desconocida. No estoy muerto. Las corrientes me han llevado a una tierra única. Una isla preciosa, llamada, La Isla del Encanto.
En la isla estuve años viviendo y descubrí lo mejor de la vida. Aprender a vivir y hacer lo amo.
Mis amigos murieron todos, estuve mucho tiempo muy mal, pero me di cuenta que es mi destino. Aparecer en esta isla.
Mucho tiempo, tal vez años, pero supe que esa isla era mi vida, mi sueño. Conocía a una nativa hermosa y mi casé. Tuve hijos maravillosos y me quedé a vivir en esta maravillosa isla.
 
La isla de Puerto Rico.

MUERTE DE UN CRUZADO

 

Mi corazón está roto en dos pedazos. Uno; por mi amada, jamás volveré a verla, y el segundo, por mí.
Siempre he sido una persona preocupada por la falta de amor. Pero no sirve de nada, ha llegado mi hora de partir. Viajé a un lugar muy lejos, quizás a Oriente, todos fuimos engañados a luchar.
Mi amada. Recuerdo el día en que me despedí. Tenía el rostro triste, porque sabía que no volvería a verme.
Por eso, mi corazón está roto. Ha llegado mi hora, de luchar, no sé si saldré de ésta. La batalla ha comenzado y no he sentido nada, simplemente dolor en mi corazón, al recordar la belleza de mi amada.
Jamás sentiré sus labios, sus caricias, su cariño.
Como caballero, siento desprecio, no como soldado de Cristo, sino, por no volver a ver a mi amada.
Ahora no siento nada… solamente paz. Veo a mi amada, desde lo alto, quizás desde las nubes, veo la tristeza de mi gran amor.
Llora, ante la pérdida de un caballero que se despidió y jamás volverá a besar sus labios.
Ella, espera, tiene la esperanza de volver a reencontrarnos algún día.
Día tras día, mi amada se arrodilla frente a mi tumba y pone rosas blancas. Llora, y le digo: -no llores. Pero no me oye…
El día ha llegado… ella está muy hermosa y feliz, porque estamos juntos. Ella no ha resistido la pérdida de mi gran amor.

La muerte es triste, pero realmente es feliz, porque liberas tu alma. El amor siempre persiste.

(Fernando de Creus, año 1098)

EN BUSCA DE ARMENTIS

 

RELATO AMBIENTADO PARA NUESTROS HIJOS.

Existe un lugar perdido donde todo es posible. Nadie ha logrado encontrarlo. Es un lugar mágico, perdido entre montañas. En Armentis viven toda clases de seres de la Naturaleza, e incluso hay un secreto, no conocen la muerte.
En Armentis puedes encontrar: hadas, unicornios, gnomos, elfos y ondinas, todos viven en perfecta armonía.

Berthz, norte de Alemania, año 711.

Alizán es una niña de siete años. Vive en un pueblo al norte de Alemania llamado Berthz. Sus padres se dedican al cuidado del ganado bovino y apenas tienen recursos para vivir. Nadie explica, qué sucedió a la hermosa niña. Dice que encontró Armentis, un lugar mágico.

Estaba oscureciendo cuando la pequeña Alizán estaba jugando cerca de su casa. Era un atardecer hermoso, los pajarillos cantaban alegres melodías. Su madre, miraba por la ventana y veía a la pequeña muy feliz. Su padre, estaba guardando el ganado cuando un grito, hizo que el corazón del padre saliera de su pecho, corrió fatigablemente.
-¡Alizán ha desaparecido!
Los padres rastrearon los alrededores y Alizán no estaba. Era como si desapareciera por arte de magia.
-¿Qué ha pasado? -preguntó el padre.
-Nuestra hija estaba jugando frente a las flores, ella sonreía, como si alguien hablara con ella. Estaba preparando la cena, pero cuando volví a mirar a través de la ventana, Alizán no estaba -explicó la madre sollozando.
-Todo esto es muy extraño, vamos a mirar por el valle, quizás se haya perdido. por estos lugares hay lobos, tenemos que apresurarnos antes que oscurezca -comentó el padre.
Ambos cogieron a su perro y fueron en busca de Alizán.
Recorrieron muchos kilómetros, incluso fueron a todas las casas de los vecinos. Nadie había visto a la pequeña.
Cansados de buscar y angustiados pararon cerca de un manantial.
Su madre estaba tan triste, sentía cierta culpabilidad por haberla dejado sola.
-No tienes culpa amor mío. Simplemente, seguro que siguió a algún animalillo y no sabe volver, no te sientas culpable. Simplemente tenemos que reflexionar -comentó el padre, tratando de consolar a su esposa.
Una vocecilla dulce salió cerca del manantial.
-Su hija está en Armentis, el paraíso mágico.
Los padres de Alizán miraron asombrados en todas direcciones, pero ellos no vieron a nadie.
Cerca del manantial había un frondoso nogal. De su tronco había un pequeño hombrecillo. Era muy bajito, mejor dicho no superaba los treinta centímetros.
Los padres no podían creer lo que estaban viendo.
-¿Dónde está Armentis? -preguntó la madre.
-Está lejos de aquí, su hija siempre ha jugado con seres de la Naturaleza y decidió seguirnos, está muy feliz, vengan conmigo.
Los padres siguieron al hombrecillo. Fueron caminando por un sendero que nunca habían estado, era como si el camino cambiase y sentían cierta armonía. Incluso escucharon una cancioncilla compuestas por campanitas y flautas. Aparecieron muchas hadas y gnomos, dieron la bienvenida.
-Estáis en Armentis, el lugar de los sueños, un lugar mágico, que nadie ha logrado sentirlo y mucho menos verlo -dijo una de las hadas.
Sus padres emocionados vieron a su pequeña, estaba tan feliz.
Era un lugar en el que se te olvidaba todos los problemas y sólo había amor.
Alizán no quería volver a casa y sus padres decidieron quedarse en Armentis, el paraíso del amor.

-Espero que os haya gustado niños, esta historia ocurrió en el siglo VIII en el norte de Alemania, sus gentes aún creen, que cuando las personas desaparecen, es porque han conocido a Armentis -dijo la profesora.
Sus alumnos escucharon la hermosa historia de Alizán, incluso muchos, mientras oían a la profesora, sintieron el maravilloso lugar, Armentis.

 

HAY ESPERANZA

 

Hace mucho frío. Siento mi cuerpo erizarse y congelarse. Mis piernas están flácidas y no puedo respirar.
He sido abandonado por las tropas cruzadas. En medio de la nada, sin saber mi orientación. Voy a morir de frío.
La nieve cubre casi todo mi cuerpo. A penas puedo escribir… mis manos están enrojecidas y no siento la sangre fluir por mi cuerpo.
Miro hacia el cielo para buscar algo de fe. No creo en nada, solamente en mí. He aprendido a creer en algo. Algo superior, que me da fuerzas cada día. Pero ahora me siento abandonado. No entiendo, ¿por qué me han dejado aquí?
Cada vez tengo más frío y comienzo a tener convulsiones. Es un sufrimiento contínuo, pero siento en mi corazón, que voy a salir de este lugar.
Todo a mi alrededor está completamente blanco. Los árboles están enterrados de nieve. No veo pueblo, no ve a nadie por estos parajes. Morir solo. No quiero, no merezco esto. Mis ojos se cierran, mis párpados me pesan…
Es increíble. unas manos me han agarrado y he salido de la nieve. Es una persona fuerte. Arrastra de mí y voy en sus hombros.
No puedo hablar, pero esa persona me quiere ayudar. No habla mi idioma, pero siento que es árabe.
Me he dado cuenta que tenemos que unir nuestros corazones, da igual creencias, lo importante quererse y respetarse.
Esa persona me ha llevado al interior de una cabaña y allí me ha quitado toda la ropa. Me ha tapado con varias mantas y estoy mucho mejor.
Gracias Dios, por ayudarme.

Esa persona se ha ido, no sé quien es. Pero tengo claro una cosa; ha salvado mi vida.
Creí que era árabe. Es una persona alta, con una túnica roja. Recuerdo que desprendía mucha paz.
Nunca supe quien era esa persona, la cual, salvó mi vida.

EL CORAZÓN DE ESIS

 

Una mañana calurosa, Cristén, un joven de 18 años, iba como cada día, a cortar leña al bosque. Cuando cortaba toda la leña, se daba un buen baño en el lago.
Cristén oyó un voz dulce y aterciopelada procedente del lago.
El joven miró a la orilla, pero no observó a nadie. Salió del lago y se vistió. Volvió a oír esa voz.
Era una voz única, de una mujer bella, pero no conseguía verla.
Regresó a casa. Por el camino no dejaba de pensar en esa dulce voz. Jamás había escuchado voz semejante.
Los padres de Cristén se dedicaban a la pesca. Su madre cosía las redes y su padre se adentraba en el lago en busca de salmones.
Mientras cenaban, Cristén dijo a su padre.
-Padre, esta mañana ocurrió algo muy extraño. Cuando me daba un baño en el lago, oí una voz muy hermosa. Pero no vi a nadie -dijo el joven.
-Hijo, hay una leyenda muy antigua. Mi abuelo me contó cuando era niño. En el lago vive Esis, es una mujer muy hermosa, nadie ha logrado verla, pero sí oírla. Si la oyes con dulzura, es porque busca el amor -dijo su padre.
-No consigo quitarla de la cabeza. Jamás he oído esa voz. ¿Nunca has visto nada en el lago? -preguntó Cristén.
-Hijo mío, llevo toda mi vida pescando en el lago, jamás he escuchado nada. Según mi abuelo es una leyenda, pero no creo en esa mujer -dijo el padre.
Después de cenar, Cristen subió a su alcoba. No podía dormir y se asomó a la ventana. Había una luna preciosa y dispuso a caminar hacia el lago.
Cuando estuvo en las proximidades, volvió a oír la dulce voz. Era como una melodía.
Cristén vio las aguas muy tranquilas y la luna reflejaba su hermosura.
Vio una silueta de una mujer, era hermosa. Cuando me acerqué a ella, corrió y se perdió en el bosque. Lo poco que pude divisar; tenía el cabello largo y anaranjado con los ojos muy verdes. Llevaba un traje ceñido. Era de color verde y tenía unas botas de color marrón.
Era muy hábil, y en su espalda colgaba un arco.
Ella estuvo un rato mirando, cuando se asustó.
El joven corrió por el bosque tras ella.
La mujer corría y brincaba por las ramas de los árboles.
-¿Quién eres? no voy hacerte daño -dijo Cristén.
La elfa se detuvo y saltó cerca del joven.
-Me llamo Esis, soy la hija de Roset, el rey de los elfos. Llevo mucho tiempo observando tu cuerpo, me he enamorado -dijo Esis.
-Entonces,¡me has visto desnudo! llevo años -dijo el joven.
-Pues… sí, llevas mucho tiempo. Llevo esperando diez años, sabía que algún día te encontraría -dijo la hermosa elfa.
-Eres muy hermosa… nunca he visto una mujer tan bella -comentó el joven.
-Llevo cientos de años para enamorarme, eres el único hombre que siento de verdad, de corazón -explicó Esis.
Ambos pasaron la noche juntos. Fue asombrosa. No tenía explicación lo que sentía por ella, era un amor mutuo.
Esis besó a Cristén.
-No me olvides nunca, estaré esperando -dijo el elfa.
El joven regresó y su padre estaba esperando en la puerta de su casa.
-¿Dónde has estado hijo? estábamos preocupados -dijo el padre.
-Padre, he estado con Esis, la elfa.
-Pero hijo… es una leyenda, no existe. Recuerdo que mi abuelo me contó que se llamaba Esis. Por favor no vayas al lago. Es producto de tu imaginación -aconsejó su padre.
Cristén corrió a su habitación y comenzó a llorar.
Su madre fue a consolarlo.
-Hijo no llores. ¿Qué ocurre?
-Madre, estoy enamorado.
-Muy bien, y ¿quién es ella?
-Se llama Esis, es una elfa. Vive en el bosque. Su padre es Roset, el rey de los elfos -comentó Cristén.
-Pero hijo, los elfos no existen, es mitología. Nunca he visto uno.
-Mañana iré al lago, ven conmigo -dijo su hijo.

Su madre fue con Cristén. Desde que llegó al lago, allí estaba la bella Esis. Su madre quedó sorprendida.
-Madre, la amo, creo en mi corazón por eso he logrado verla.
Su padre iba a pescar al lago, cuando…
-Hijo, ¿quién es esa bella dama?
-Se llama, Esis -dijo el hijo con alegría.
-Madre, he decidido irme con ella, soy feliz, me cuidará mucho. Siempre estaré en el bosque y mi amor será eterno.

Cristén y Esis se fueron juntos para siempre. En los profundos bosques de Finlandia, existe una estatua, en homenaje a la pareja de enamorados.

Mi corazón palpita por amor.

(Esis, año 460)

 

UNOS JUECES INJUSTOS

 

Avignon, sur de Francia, año 1200.

Quiero presentarme y demostrar que no soy un criminal y no estoy de acuerdo por lo que se me acusa. También ha habido más Cátaros culpables. ¿Culpables? ¿Por qué?
Ahora os voy a escribir, qué fue realmente lo que sucedió a un grupo de Cátaros y a mí.

Mi nombre es Renir, pertenezco a los Cátaros desde hace treinta años. Al principio fue duro acostumbrarte a sus costumbres. Los Cátaros creían en dos principios fundamentales, el bien y el mal. El primero, lo más importante era el espíritu de la persona y el segundo, el Diablo. El mal estaba en cada rincón, acechando adueñarse de los cuerpos débiles y así obedecer su maldad.
Había que estar durante tres o cuatro años leyendo el evangelio de San Juan. Ayunar tres veces por semanas y someterse a tres cuaresmas.
Cuando logré los tres o cuatro años, fui nombrado Cátaro. Mi familia seguía las creencias y mi vida cambió cuando el obispo de Avingnon visitó mi casa. Iba acompañado por seis forzudos guardias. No entendí nada, pero los guardias comenzaron a romper todos los muebles y aprender fuego a la casa. Mis tres hijos lloraban asustados y no tenían compasión. No sabía que buscaban. Intenté ayudar para no seguir rompiendo mi casa, pero uno de ellos me golpeó en la cabeza con la empuñadura de su espada y caí al suelo.
No recuerdo nada más, sólo mucho dolor. Cuando cobré la conciencia estaba mi casa completamente en llamas. Mis hijos estaban en el suelo tumbados y mi esposa junto a ellos. Me arrastré por el suelo y mis brazos estaban flácidos, no tenía fuerzas para impulsarme. Avisé a mi esposa, pero no respondía. Ella estaba tumbada bocabajo y tenía sangre a la altura de la cabeza.
Habían matado a mis tres hijos y a mi esposa.
La casa comenzó a caer, sobre todo el techo, pensé que mi vida había terminado.
Pues no, Dios me dio fuerzas, pero aquel día, fue el peor de mi vida. Mis hijos y mi mujer fueron convertidos en cenizas.
No pude hacer nada por salvarlos, ya estaban muertos. Cuando conseguí salir de la casa en llamas, corrí hacia el bosque tratando de coger aliento y reflexionar todo lo que había sucedido.
¿Qué buscaba el obispo de Avignon? no sé, por qué reaccionó de esa manera.
No encontré respuestas lógicas. Cuando estuve más de cuatro horas caminando por el bosque. Vi una pequeña cabaña, hacía mucho frío y llamé a la puerta.
En su interior había un señor mayor, algo delgaducho, pero realmente sabio.
-Hijo adelante, no puedes estar ahí fuera, los osos te devorarán, pase -dijo el anciano con cierto respeto.
-Muchas gracias, señor me ha pasado algo horrible -dije.
El anciano me condujo a una sala muy confortable y me dí un relajante baño. Después supe, que ese señor había sido Cátaro.
Le comenté todo lo que había sucedido y aprendí, qué era lo que buscaba el obispo.
EL CRACKON. Un libro que habla sobre la vida de Jesús.
Estuve un tiempo junto al anciano y decidí reunir a más Cátaros y luchar contra el obispo, por mi familia, la cual no voy a ver nunca más.
Salí a las afueras de la ciudad y entré en un castillo construido en el siglo X. Allí me recibieron el resto de los hermanos. El obispo había matado a sus familias y se habían congregados para acabar con él.
Así fue. Nos hicimos fuertes y Dios nos acompañó hasta el día de la gran batalla.
El obispo iba por un camino por un sendero, acompañado por su guardia personal. Los Cátaros acabaron con todos ellos. Cuando estuve frente al obispo pensé. El asesino de mi familia y de otras personas inocentes. Con mi espada le hice un profundo corte el cuello y dejé a que se desangrara.
Me arrodillé en la hierba y pedí perdón a Dios.
-Lo siento, pero ese hombre iba a seguir matando a familias inocentes.
Mis hermanos me ayudaron mucho, pero por desgracia, el Papa, Inocencio III nos condenó a todos por asesinos.
Intenté convencer al papa, de todos los crímenes que había cometido el obispo. No me creyó.
Nos torturaron a más de 40.000 Cátaros. Muchos murieron y quedamos, no llegábamos a los 3000.
Era realmente dolorosa las torturas, pero a pesar del sufrimiento, Dios me dio fuerzas para resistir.
Llegó el día del juicio y todos fuimos culpables. Moriremos quemados vivos.
Quedan dos días para la ejecución y muchos de mis hermanos han preferido quitarse la vida, para evitar más sufrimientos.
No creo que sea una solución, siempre hay esperanzas y voy a luchar hasta el final.
Ya siento los guardias caminar por los oscuros pasillos, vienen a por nosotros.
Nos conducen por el pasillo hasta llegar a la plaza de la ciudad, allí seremos quemados frente a la multitud.
Los verdugos enciendes sus antorchas y comienzan a quemar hermanos. Sus gritos se oyen a kilómetros y la gente celebran como de una gran fiesta se tratara.
Ya toca mi turno y voy a subir. Uno de los verdugos, ata mi cuerpo a un grueso poste de madera.
Mis otros hermanos ya han muerto.
El papa levanta la mano y hace un gesto a los verdugos. Me desatan y el Papa pide perdón.
-Siento haber hecho todo esto. Uno de mis guardias ha confesado que el obispo de Avignon fue un asesino. ¡Cuánto lo siento!
Dios me ha oído. Estoy libre y veinte de mis hermanos han sido liberados. Más de 30.000 personas fueron ejecutadas. Quedé libre y ahora a mis 80 años sigo siendo Cátaro. Sin mis hijos y mi esposa, pero algún día me reuniré con ellos, en el Reino de los Cielos.

Quiero que sepan que fue tan horrible, la sensación de morir quemado, que hasta el último suspiro de mi vida hay esperanzas.

Renir, Cátaro y protagonista de esta historia.

FE EN MÍ

 

Las cosas no han cambiado desde el primer día que llegamos. El campamento se montó por la tarde, el sol estaba cerca del ocaso y en la bella isla empezaba a correr una brisa de aire fresco.
Mis compañeros estaban saciando su sed, después de casi dos meses de viaje. Pasamos muchas necesidades, sobre todo por escasez de alimentos.
Desde que salimos de Tarragona, sólo quedamos vivos, no llega a los quinientos soldados.
Llevamos dos meses desde que despedí a mi familia.
Mi fe, en mí, siempre me ha ayudado a sobrellevar las pruebas más difíciles, pero ésta lo supera. A pesar de adiestrarme en las tropas del mismo Ramón Bereguer, apodado como El Grande. Es un señor muy inteligente y fuerte. Siempre se preocupa por su gente y es un honor servir bajo sus órdenes. Estoy muy satisfecho, porque siempre he querido ser caballero. Ser caballero noble, sin tener que ir causando terror, todo lo contrario, ayudar a mi pueblo y a Don Ramón, conde de Barcelona.
En estos momentos hemos desembarcado en la isla de Mallorca. El conde se ha apoderado de la isla y se siente orgulloso de sus hombres. Mis compañeros, como mencioné anteriormente, han muerto gran parte de ellos, a consecuencia de una epidemia. Seguramente fueron contagiados durante la navegación.
Ha sido realmente macabro arrojar los cuerpos al mar. Algunos estaban empezando a hincharse y era la mejor forma para combatir contra las posibles y monstruosas epidemias.
El conde me ha elegido como responsable de su guardia personal, algo que no me esperaba. Me encuentro feliz, porque hago lo que me gusta, eso hay que buscar, lo que amamos realmente, por muy difícil que parezca, todo puede cumplirse.
Tras la conquista de Mallorca, hemos regresado a Tarragona. He vuelto con mi familia y vuelvo a repetir, he conseguido lo que quería, servir al conde, Ramón Berenguer III.

Miramos hacia la luz y evitemos que se apague.
(Fernard de Tárrega, año 1099)

 

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